Feliz sábado de aprender cosas!

En esta edición vas a encontrar:

  1. Píldora: Una pincelada de lo que estoy haciendo para tener más foco.
  2. Behind the Scenes: Qué es lo que tengo en mente para esta newsletter (spoiler: todo salvo su nombre)
  3. Aprender cosas: Qué se está cociendo en aprendenotion.com
  4. Brainfood: Un proyecto para almacenar conocimiento en espacios tridimensionales
  5. La Bola Extra: Clubhouse

Tardarás en leerla unos 10 minutos, espero que sea tiempo bien invertido 😉


Si te preguntas qué tal ha ido mi segunda semana diseñada creando márgenes de tiempo para poder dedicárselos a las Very Important Things la verdad es que no ha ido nada mal, estoy bastante contenta. He tomado un par de decisiones importantes que parecen tonterías pero que creo que van a tener un impacto importante en el largo plazo y que tienen que ver con reducir el número de estímulos en forma de información (lease sobre todo Twitter) y acotarlos a momentos y contextos muy concretos.

A mediados de semana hice el ejercicio rápido (aunque quiero refinarlo) de filtrar aquellas cuentas de twitter para quedarme sólo con las que creo que me aportarían más si sólo pudiera leer esas en todo el día, y las recibo directamente en mi correo con Mailbrew junto con las suscripciones a algunas newsletters y a algún que otro blog. (Mailbrew en principio me está gustando aunque aún quiero dedicarle más tiempo a sacarle partido así que aún no tengo opinión formada) Luego ha venido el esfuerzo por reducir también el tiempo de exposición a Twitter en general y la verdad es que, puede que sea sólo wishful thinking, pero me atrevería a decir que desde que lo he hecho he notado algo más de foco en los momentos posteriores a esa exposición.

Subestimamos el impacto que tiene toda esa información y ruido en nuestros cerebros porque la mayor parte del tiempo es contenido trivial y realmente no nos hace pensar mucho, pero miles y miles de piececitas de contenido trivial ocupan mucho espacio en la cabeza y no dejan espacio para las cosas grandes (igual que la metáfora de la arena y las piedras), así que esta semana finalmente tomé la decisión de empezar a hacer un esfuerzo consciente por reducir esa exposición para tener la cabeza más fresca a lo largo del día y que ese espacio de tiempo dedicado a las cosas importantes fuera realmente efectivo.

Aprende Notion. La Newsletter (pronto con otro nombre)

Una de esas cosas importantes es esta newsletter y cómo va a evolucionar. Realmente no he pensado mucho en el cambio de formato esta semana (como podrás comprobar en esta misma edición) pero sigo teniendo claro que su futuro pasa por cubrir temas mucho más amplios que Notion o «productividad».

En mi cabeza la veo más como un compendio de pensamientos y reflexiones sobre tendencias digitales, aplicaciones o herramientas que ayuden a mejorar nuestras capacidades cognitivas pero también que impulsen la creatividad, que empoderen a las personas a crear cosas, y creo que ahí va a estar el punto; en esa intersección entre creatividad y productividad.

Pero con matices, porque cuando hablo de «creatividad» no me refiero a la creatividad vista como una habilidad relacionada con la imaginación o la singularidad, tan asociada a sólo un tipo de perfil. Y cuando hablo de «productividad» desde luego no me refiero a los últimos tips para ser más eficiente o a ajustarse una metodología con todas sus good practices y liturgias asociadas.

Pienso en construir cosas, en usar las herramientas que tenemos a nuestra disposición para expresarnos y crear, poner algo ahí fuera. Ya sea productos, contenido, servicios.. y todos los procesos que eso conlleva. Tanto mentales como materiales; pensar en sistemas, diseñarlos, gestionar todos esos tipos de recursos a nuestra disposición.

Estamos en un momento en el que nunca ha sido más fácil crear oportunidades para nosotros mismos de vivir de aquello que nos apasiona (no me refiero a hacernos millonarios e irnos a vivir a Andorra, sino simplemente que lo que nos gusta hacer y se nos da bien nos dé de comer). Cualquier persona que sea buena en algo ahora puede mostrárselo al mundo escribiendo, haciendo videos o podcasts, y cada vez es más fácil que esto llegue a más personas y cada vez es más común y natural cobrar por ello. Ya no hacen falta grandes conocimientos técnicos, el movimiento NoCode está empoderando a la gente a hacer tangibles ideas que hace años habrían descartado por no saber llevarlas a cabo, y decenas de plataformas ayudan a estos creadores a hacerse un espacio y poder monetizar estas habilidades/pasiones y generar negocios digitales rentables.

Me parece que nunca ha habido un mejor momento para intentar vivir de lo que nos gusta combinado con aquello que se nos puede dar bien, y creo que merece la pena explorar todo este ecosistema; no sólo las herramientas que nos permiten hacerlo sino todo el proceso que conlleva hacerlo. Pensarlo, definirlo, testarlo, iterarlo, y todo el proceso mental que también hay que afrontar, en el que entrarían los hábitos, el foco, el autoconocimiento y esos sistemas operativos de vida que creamos para nosotros mismos y que sostienen todo lo demás.

Quiero hablar (quiero que hablemos, te diré cómo más adelante) de todo eso, y para eso «Aprende Notion» se queda muy corto.

Así que como ves, esta semana no he podido dedicar realmente el tiempo de esta newsletter a pensar en la estructura, porque mi cabeza bullía con todas las cosas que había por explorar, y porque estaba enfrascada en intentar dar con un nombre que de alguna manera pudiera encapsular todo eso.

He de reconocer que tengo varios en la cabeza y que me encantaría poder darte uno ya en esta edición (también porque en algún momento tendré que hacer real el cambio y me gustaría que fueras «acostumbrándote» para que al verlo en tu bandeja de entrada lo reconocieras) pero así como en el pasado he dicho que está bien no pensarse mucho las cosas, también aprendí del pasado que para esto mejor elegir un nombre que luego no te ponga en un compromiso a futuro, así que voy con algo más de tiento.

Aprende otras cosas

Y además de todo eso, y esta vez si, ya refiriéndome al proyecto que tiene que ver con Notion, sigo haciendo videos y se vienen contenidos nuevos.

  • Entre ellos, lo dejé caer el otro día en twitter, un curso centrado en cómo construir un centro de conocimiento dentro de Notion. No puedo dar muchos detalles porque no tengo el outline definido, pero llevo meses pensando en la mejor manera de compartir lo que yo me he ido montando a lo largo de este tiempo y he llegado a la conclusión de que el formato al que se le puede sacar más jugo es una combinación de video + texto, y para que el contenido sea realmente de valor necesito algo de tiempo. Puedo decir que mi idea es cubrir Notion, claro, pero aplicado exclusivamente a este uso (es decir, no habría contenido de los fundamentos de la herramienta, para eso ya están los videos que podéis encontrar de manera gratuita en el canal de Youtube) y que lo complementaría con otras herramientas como Readwise e incluso estoy pensando en alguna otra sorpresilla (que no dejo por escrito por si acaso me echo atrás 😅) y tips y técnicas que uso personalmente que me resultan útiles.
  • Antes de meterme de lleno en eso, si que he empezado a definir lo que quiero que sea otro producto dentro de Notion, esta vez un producto pensado para crear páginas web dentro de la herramienta, ya sean landings, webs personales, portfolios o incluso una página sencilla para ofrecer tus productos/servicios. El otro día compartía en un tweet una reflexión que llevo haciéndome mucho tiempo y es que, si bien considero Notion como una herramienta bastante única, no se puede negar que existen un par que le hacen bastante la competencia en funcionalidades (e incluso es posible que la superen en algún aspecto). Pero, para mi, lo que hace a Notion especial, y la razón por la que creo que acabará siendo la más «revolucionaria» de todas incluso no siendo la más potente o versátil, es que por el momento es la única que ha generado un verdadero fandom detrás.

    La gente está creando sus productos en Notion (mi Starter Pack o esto que tengo pensado para hacer landings es un ejemplo, o el Super Mega Webflow Pack que ha sacado esta misma semana Mackenzie Child y decenas de ejemplos más que aparecen cada semana) Pero también hace páginas de empresa, de documentación pública, webs personales.. la capacidad de la herramienta para combinar diferentes modos de visualización de la información, su altísimo grado de personalización y lo fácil que es hacerla pública la han convertido en un medio más de expresión; la gente comparte sus espacios de trabajo como antes hacían fotos a sus bullet journal, hay un campo creativo entero por explorar, y es un proyecto en el que me apetece mucho profundizar. De esto si que espero poder dar más detalles la semana que viene (en la que también haré por fin el video explicando cómo se sube Notion a super.so y lo pones más o menos pintón) así que lo dejo aquí, para tenerte al día y también como una especie de miga de pan a mí misma 😉

     

Y, una vez dicho todo esto, ahora si, empieza la segunda parte de esta newsletter de elusivo nombre y ambiciosos contenidos.


El Problema

Si estabas por aquí hace unos meses, sabrás que hice una mini-serie hablando sobre jardines digitales y como cuando, una vez construimos nuestro jardín, podemos volver a él siempre que queramos y contemplar como nuestros pensamientos, reflexiones o pedazos de información han ido creciendo, entrelazándose unos con otros y dando lugar a nuevos modelos de conocimiento.

La idea de jardín digital es poderosa no sólo por esa capacidad de poder generar nuevo conocimiento, sino porque da la posibilidad de que ese conocimiento exista en un lugar (ya sea físico, como el zettelkasten original, ya sea propiamente digital como estos jardines) al que poder volver a recoger ese conocimiento. Incluso, como decíamos en ediciones anteriores, tener la posibilidad de hacerlo público y disponible a todo el mundo para que pueda acceder a él, ayudando así a generar nuevas ideas y reflexiones en otras personas y crear, con el tiempo, una red global de pensamiento interconectado.

Hace poco topé, de manera casual, con un proyecto precioso que se basa en la idea de poder crear espacios tridimensionales para poder archivar o guardar conocimiento. La empresa se llama Saganworks, y el emprendedor que está detrás es Donald Hicks. Según cuenta, la idea de su proyecto se le ocurrió cuando estaba recorriendo todas las obras del British Museum de Londres a toda prisa para poder verlas antes de que cerraran (algo que nos ha pasado a todos porque no existe manera real de poder ver ese museo en un sólo día, pero esto es otro tema) y sintió que necesitaba anclar todo aquello que había visto, pero no era capaz de acordarse de todo sin un espacio real en el que fijar esas obras.

Este sentimiento de tener recuerdos o conocimiento flotando en nuestra cabeza sin un sitio concreto al que fijarlo es algo con lo que, creo, podemos empatizar todos, y más ahora con la cantidad de inputs que recibimos diariamente de diferentes fuentes de información. Retener conocimiento y recuerdos se vuelve cada vez algo más necesario, de ahí en parte esta tendencia a buscar sistemas que nos permitan almacenar la información asegurándonos que esté siempre accesible cuando la necesitemos y así poder, de alguna forma, quitarla de nuestra cabeza para dejarla guardada a buen recaudo en ese otro sistema.

Los grandes memorizadores profesionales usan una herramienta mnemotécnica conocida como Palacio de la Memoria.

Un palacio para tus recuerdos

Esta técnica, que se remonta a la Grecia antigua, consiste en convertir tus recuerdos en imágenes asociadas a lugares mentales que nos son familiares para, posteriormente, poder recorrer mentalmente este lugar y observar nuestros recuerdos según paseamos por él.

Crearte tu propio Palacio de la Memoria es relativamente sencillo, sólo tienes que recrear en tu mente un lugar o recorrido que conozcas a la perfección (tu casa, el camino al trabajo, la ruta que recorres todos los días cuando sales a correr, etc..). Una vez tienes este circuito en la cabeza, irás recorriéndolo mentalmente, poniendo especial atención en partes concretas del mismo. En el felpudo, en el recibidor, en el mueble de la televisión. O, si estás en la calle, en esa farola por la que pasas siempre, esa tienda que siempre dejas a un lado, el paso de cebra que cruzas, etc. Cuando has definido esos puntos, los usarás para guardar recuerdos concretos en ellos, de manera que, si alguna vez necesitas acceder a ellos, sólo tendrás que pensar en ese punto del camino y en tu mente verás el recuerdo que habías guardado.

Cuánto más vívida, exagerada, colorida y, en definitiva, estimulante y memorable sea la imagen mental con la que asociemos ese objeto, menos nos costará rememorarlo cuando lleguemos a él. Yo descubrí este concepto en el documental “Memory Games”, y allí se podía ver como, dependiendo de la persona, este Palacio es de una manera u otra ya que es algo completamente personal; depende de tu propia memoria, tu cabeza, tus recuerdos y de los trucos que tengas para «atar» esos recuerdos en esos puntos concretos.

La idea clave está en que, en condiciones normales, recordamos las cosas de una manera lineal, pero esta información no está anclada a nada; se va disponiendo como una secuencia pero para poder rememorar algo tenemos que ir hacia atrás hasta encontrar el punto que necesitamos. Es parecido a caminar por un bosque atando un hilo al comienzo del recorrido y luego usar el hilo como guía para recorrer el camino de vuelta. Si «perdemos el hilo», nos quedamos «flotando» en medio de los árboles sin nada que nos ayude a volver sobre nuestros pasos.

Creando un palacio de la memoria en nuestras mentes, estaremos usando nuestra memoria espacial para dar a esos recuerdos estructura; cada recuerdo lo anclaremos a algo conocido, dotándoles así de contexto. De esta forma, cada vez que necesitemos acceder a ese recuerdo, podremos ir mentalmente a ese punto del recorrido y recuperarlo.

Saganworks pretende crear algo parecido a estos Palacios de la Memoria pero, en vez de dejarlos en tu mente, permite que tu mismo los diseñes e interactúes con ellos literalmente, guardando documentos, información, recuerdos o lo que se te pase —de nuevo, literalmente— por la cabeza. Una vez has construido tu espacio de conocimiento, puedes compartirlo con otras personas, haciendo así ese conocimiento accesible a todo el mundo.

Aunque a mí me gusta pensar en un Sagan (Spatially Accessible Gallery of Archived Knowledge) como en un extraño experimento para llevar el concepto de Palacio de la Memoria a algo tangible, realmente el propósito de la compañía va mucho más allá; crear una nueva manera de consumir e interactuar con la información, algo mucho más basado en la experiencia y con la capacidad de ser diseñado para diferentes tipos de público, con diferentes finalidades.

¿Cómo funciona?

Por intentar entender un poco mejor el propósito detrás de Saganworks y cómo funciona su proyecto, estuve trasteando un poco con la aplicación en su versión desktop (aunque es posible que sea aún más curiosa la experiencia en dispositivos móviles por el factor táctil)

Cuando te unes te hace un pequeño recorrido interactivo en el que te enseña a moverte por el espacio y te da un par de puntos claves para empezar a construir tu Sagan o explorar otros. Crear y diseñar tu Sagan es parecido a cómo sería diseñar tu casa en los Sims. Puedes añadir estanterías, sillas, luces o elementos decorativos como alfombras o estatuas.

La idea es que, una vez diseñado más o menos ese espacio, vayas cogiendo tus piezas de información (ellos lo llaman Key Information) y los vayas depositando sobre esos objetos para poder volver a ellos más adelante (esta versión sería la más parecida a ese Palacio de la Memoria pero dándole un espacio «físico») o compartirlo con el mundo y dejar que estas piezas de información sean descubiertas y consumidas por otros.

 

Si dejamos de lado el diseño de la interfaz, tan parecida al laberino de Windows o a la época dorada de internet cuando Flash dio lugar a un auténtico boom creativo, piensa en las posibilidades que se le podrían sacar a un producto así.

En la misma web lo ven como una herramienta para ampliar y enriquecer la experiencia en un comercio, por ejemplo, poniendo fotos de los productos alrededor de las paredes y permitiendo a las personas moverse por el espacio descubriendo la oferta de una manera algo diferente a lo habitual, pero los usos para educación no se quedan atrás.

 

 

Hace tiempo se hizo bastante viral una foto que ilustraba como estaba afrontando Harvard el reto de dar las clases online a raíz del confinamiento, en la que podíamos ver a una profesora sola delante de un montón de cámaras dando una clase magistral.

 

Más o menos por esas fechas Zoom también anunció una batería de cambios en su plataforma para hacer las experiencias educativas más «inmersivas», enseñando un ejemplo de lo que estaba por venir: Un montón de caras sentadas en una bancada atendiendo la clase.

 

En ambos casos, salvo por el hecho de que en vez de personas físicas había pantallas, no se apreciaba ninguna diferencia real en cómo se daba una clase de manera normal. Nada que hiciera pensar que se hubiera intentado rediseñar verdaderamente la experiencia de manera que se adaptara a las posibilidades del mundo online, en vez de intentar simplemente hacer una fotocopia de la versión offline.

Somos muchos los que pensamos que existe una oportunidad enorme en el ámbito de la educación online que no tiene por qué pasar por recrear las mismas estructuras y espacios que tenía la experiencia física.

Piensa en un espacio diseñado a medida en el que vayas dejando que el alumno se mueva entre la información libremente, que vaya descubriendo ítems de conocimiento, abriéndolos, explorándolos. Incluso poder guiarle a través de un path formativo dejando «pistas» en estas piezas de información, generando en él la curiosidad y las ganas por seguir aprendiendo. O diseñarlo para que responda a un formato del tipo «Elige tu propia aventura» y dejar que sea el alumno el que decida qué es lo que quiere seguir aprendiendo. En definitiva, pasos para hacer la educación algo mucho más interactivo, haciendo de verdad partícipes a los propios alumnos y dejarles decidir cuál es la mejor manera de aprender, despertando su curiosidad y haciendo visible su progreso en un contexto diferente al de las simples evaluaciones.

Igual de interesante me parece, cómo no podía ser de otra manera, los usos que podrían dársele como esa reinterpretación de un Palacio de la Memoria personal pero en un plano menor de abstracción, pudiendo usar esos espacios para depositar información o conocimiento (pero también fotos, música, páginas webs y diferentes recursos) y ponerlos a disposición de otros para que puedan interactuar con ellos y usarlos en sus propios espacios, parecida a la idea del Memex original de Vannebar Bush del que ya te hablé en su día y cuya visión te recuerdo:

Wholly new forms of encyclopedias will appear, ready made with a mesh of associative trails running through them, ready to be dropped into the memex and there amplified.

 

Poder guardar y almacenar información siempre ha sido una necesidad intrínseca en el ser humano, pero está claro que la tendencia se está moviendo cada vez más a buscar soluciones que vayan más allá de guardar esa información para el futuro. La necesidad está ahora en poder contar con un espacio en el que guardar el conocimiento adquirido y dejar que este crezca de manera orgánica, interconectándolo con otras ideas. Y, yendo un poco más allá, también ponerlo a disposición del mundo, ayudando así a crear experiencias de aprendizaje nuevas, de manera colectiva en vez de individual y con la finalidad de generar conexiones, no sólo neuronales sino también personales.

Y precisamente en esta linea se mueve (o a mí me gusta pensar que lo hace) la aplicación de la semana.

Si, estoy hablando de Clubhouse.

 

Nuevos espacios para compartir conocimiento, también en audio

Porque no contenta con el descubrimiento de esta herramienta, que puede quedar sólo en experimento interesante pero que me encantaría ver cómo se sigue desarrollando y el uso que se le podría llegar a dar, esta semana he estado jugando un poco con Clubhouse.

Si aún no la conoces, o directamente no te suena de nada, Clubhouse es una aplicación que podríamos meter dentro de la categoría de red social, pero que está basada enteramente en el audio. La idea es que todo el mundo que esté en la aplicación pueda crear salas de conversación girando alrededor de cualquier temática y a las que puede unirse quién quiera. Existe la figura del moderador, que es el que crea la sala y elige la temática (y establece una serie de mínimas reglas de convivencia y charla respetuosa, si es necesario) y el que dirige un poco la conversación, pero la «magia» está en que cualquier persona que se una a esta sala, para la que no necesita invitación ni conocer a nadie y que, desde luego, puede acceder de forma gratuita, puede participar en esta conversación.

La estuve probando el miércoles (edito para añadir que el jueves y el viernes también, el hype es real) y mi experiencia, con sólo esa primera hora, fue interesantísima. Bosco Soler y Carlos Tenor crearon una sala de Bienvenida con la finalidad de abrir un pequeño debate sobre cómo se podía usar Clubhouse y los beneficios que se le podían sacar. Para empezar, el simple hecho de que en esa sala se juntaran verdaderos referentes del panorama del podcast en Español como Emilio CanoCarles CañoVictor Correal o Pol Rodríguez y poder debatir con ellos con la facilidad con la que puedes simplemente coger el teléfono y echarte a hablar creo que ya da una idea de las cosas que se pueden hacer y para qué puede servir; montar eventos online, usarla como espacio para conectar de manera más personal con tu audiencia o incluso un nuevo territorio para crear marca personal.

A mí la verdad es que con las horas y el uso se me van ocurriendo cada vez más aplicaciones, no sólo a nivel de negocio o marca personal sino como canal de conexión y experimentación en un formato diferente, más íntimo, desde el que poder hablar a un nivel más cercano, sin filtros, de temas interesantes y que puedan generar nuevas conversaciones.

También creo que si la aplicación acaba teniendo recorrido será un nuevo campo de juego y experimentación para creativos, tal y como pasó con TikTok. Por el momento yo ya he estado en una sala que está abierta las 24 horas y sólo tiene gente dentro pinchando su música mientras otros escuchan, como una emisora de radio en abierto.

Pero desde luego para mí gran parte del valor que, a día de hoy, veo que se le puede sacar es la facilidad con la que puedes, simplemente, crear una sala; tener una charla informal con alguien y que quién quiera pueda entrar en esa sala y, si tiene algo que decir, sencillamente levantar la mano y participar, ampliando la conversación y generando más riqueza.

Volvemos de nuevo a ese concepto que a mí me gusta tanto de tener un espacio en el que tu depositas un conocimiento (en este caso una conversación sobre un tema que te gusta o incluso en el que eres experto) y lo dejas disponible para que quien quiera pueda aportar parte de su conocimiento al mismo, ampliándolo y expandiéndolo. Es esa idea de pensamiento global interconectado de la que ya he hablado antes pero en este caso en formato audio.

Imagina las posibilidades de una plataforma que te permite, sin ningún tipo de fricción (porque el diseño es muy fino y la usabilidad bastante buena teniendo en cuenta que está medio «en beta») iniciar una conversación con alguien en cualquier parte del mundo y, en cualquier momento, tener a una o varias personas que se unan a la misma, dando sus puntos de vista, contando sus experiencias propias, compartiendo sus aprendizajes. Las lecciones y la experiencia que se puede sacar de una conversación de una hora con gente que sepa mucho de algo simplemente hablando entre ellos sin filtro ni barrera de acceso pueden ser maravillosas y estoy de verdad deseando ver cómo sigue evolucionando y si se le puede sacar más partido en ese sentido.

Por el momento, si estás leyendo esto y estás ahí, mi nombre de usuario es @elenayuscula y me encantaría seguir explorando las posibilidades de esta aplicación contigo.

Creo que estaría bien juntarnos varios compañeros de viaje de esta newsletter para comentar y ampliar los temas de los que voy hablando que hayan podido interesarte y tener una conversación algo más in-depth o con algo más de enjundia, escuchándonos las voces y aportándonos de manera bidireccional.

Así que si después de leer esto entras y me ves por ahí (que es probable porque estos días la verdad es que estoy pasando bastante rato dentro) búscame y seguimos la conversación, pero esta vez más personal y vemos cómo se va desarrollando y lo que podemos sacar de ella 😉

Un placer tenerte aquí, espero que hablemos pronto 😊

Tiempo en escribir esta newsletter: 6 horas
Foto de cabecera: Polina Smirnova


🥰 ¡Gracias!

Muchas gracias por leer hasta aquí. Si te apetece hablar, mándame un mail o conéctame por twitter. Y, si crees que este contenido puede interesar a alguien, te dejo un botón para que lo compartas 🙂

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