Hola a todos!

Esta es la última entrega de esta serie de «artículos» un poco diferentes en los que hemos estado hablando de qué es y de dónde viene el concepto de Jardín Digital, un espacio en internet donde nuestro conocimiento florece libre gracias a que lo hemos «cultivado» de la manera propicia para que sea más fértil y más proclive a enlazarse y conectarse con otras reflexiones, dando así lugar a nuevo conocimiento; más rico, complejo y más personal.

La web como una biblioteca

Esta semana me gustaría hacer una última reflexión sobre estos espacios de pensamiento y sobre cómo podemos aprovecharlos, no sólo para construir nuestro propio jardín de conocimiento e ideas, sino de llevarlo un poco más allá y compartirlo con el mundo.

Para eso, antes, me gustaría remontarme hacia atrás medio siglo para hablarte muy resumidamente de Vannevar Bush, un auténtico visionario que en su ensayo As We May Think imaginó un artefacto al que puso de nombre Memex y que, básicamente, era como un ordenador que actuaba como cerebro adicional o biblioteca de nuestra vida y que podíamos controlar a través de una interfaz para ver cómo todo lo que íbamos volcando en ella (libros, conversaciones, pensamientos…) se iba conectando y dejando tras de si un rastro.

Su visión entera es fascinante porque, te recuerdo, él imaginó todo esto en el año 1945, ni una década después de que se inventaran las primeras computadoras, las cuales estaban en su mayoría en poder de operaciones militares y eran vistas como calculadoras muy grandes.

 

 

Además de hablar de cómo funcionaría todo este mecanismo, hay una sección de su ensayo especialmente interesante en la que visualiza una realidad en la que, gracias a este memex, cada persona podría investigar sobre el tema que más le interesara, añadiendo capas y capas de nuevo conocimiento; extractos de periódicos, fotografías, sus propios comentarios y notas y, una vez construido su propio documento de conocimiento, archivarlo en su máquina personal, listo para ser consultado a placer cuando lo necesitara y, más interesante aún, extraerlo de su propia máquina y compartirlo con quién quisiera, dejando que otros pudieran insertar este «extracto» de conocimiento construido en su propio memex, para enlazarlo con el contenido propio de este.

De esta manera, se generaría un nuevo concepto de enciclopedia, una red de pensamientos asociados y lista para ser introducida en un memex y ampliada.

Así, un abogado por ejemplo, tendría al alcance de su mano todo un conjunto de opiniones y decisiones tomadas en base a su propio conocimiento pero, encima de esto, tendría más capas con el conocimiento de otros amigos u abogados que hubieran compartido con él los documentos creados en sus respectivos memex. Un médico, contrariado por el caso de un paciente, podría consultar su memex y encontrar rápidamente casos parecidos con referencias a soluciones o literatura creada con anterioridad para tratar esos síntomas.

Si todo esto te suena de algo es posible que sea porque su visión en realidad era increíblemente (para la época) parecida a la idea original de la web.

Y, efectivamente, es cierto que Ted Nelson ––del que ya hablamos hace un par de semanas como el autor del término «hipertexto» para describir su idea de red de texto interconectado–– se inspiró en gran parte en esta visión para implementar su sueño del proyecto Xanadú.

Pero, al igual que el proyecto Xanadú, el memex no llegó a cristalizarse nunca, y poco tiene que ver con la web que conocemos ahora.

La web como una conversación

En el concepto del memex tal como lo visionaba Bush, este artefacto no servía para publicar nada, sino que era una máquina interactiva de conocimiento personal; una biblioteca gigante en la que podríamos guardar copias de documentos e interactuar con ellos directamente y de todas las maneras posibles; anotando, editando, añadiendo enlaces, resumiendo, generando nuevas piezas, combinándolas, etc.. básicamente plantar semillas, recortar hojas, regar plantas y todas las analogías que se nos ocurran con la jardinería.

La web actual, sin embargo, no permite nada de esto. A pesar de que sus «padres» (o las cabezas de las que surgieron los primeros conceptos de la World Wide Web) la visualizaron como un espacio en el que poder anotar y enlazar, en la web que conocemos ahora mismo sólo tiene poder de decisión el escritor, que es el que decide qué contenido publica y quién tiene derecho a editarlo; nadie más que él. Si, podemos comentar en su publicación. Podemos responder a su tweet o poner una reacción en su post de Instagram, pero esta respuesta no tendrá efecto alguno en el mensaje original, porque no estaremos interviniendo en él de manera activa, porque la web no está hecha para ser cambiada ni anotada ni editada por nadie más que por los creadores originales de ese contenido.

Y, como las plataformas y herramientas de redes sociales surgidas en los últimos años han propiciado aún más este tipo de modelo, la web se ha convertido en una una conversación; llena de discusiones y debates alrededor de ideas, en lugar de haber crecido hacia un modelo de contribución colectiva al conocimiento general.

Pero existe una alternativa a esto, una manera diferente de interactuar con el conocimiento que sea abierta y que lleve en su core la colaboración. Pensemos por ejemplo en una biblioteca física con gente leyendo, estudiando e investigando, o en un coworking en el que en cada silla se sientan diferentes personas trabajando en sus proyectos. Y pensemos en cómo, en esos espacios, podríamos perfectamente simplemente mirar un poco más allá de nuestra propia mesa y observar lo que hace la persona sentada a nuestro lado, ojear su proyecto o su investigación y, de repente, encontrar que algo que ha hecho o pensado puede conectarse con tu propio flujo de pensamiento, o enlazar con el proyecto en el que estás tú trabajando. En ese momento, parte del conocimiento de esa persona interviene en tu propio proceso y tu trabajo pasa a estar, en parte, alimentado por el de la otra persona. Y ahora piensa en el caso opuesto y en cómo tu trabajo o investigación podría activar la pieza que falta en el proyecto de quien tienes al lado, y esto multiplicado por todas las personas de la biblioteca.

La biblioteca es la web, y en este modelo la web serviría, ya no sólo para conectar personas, como hace ahora, sino para conectar trabajo, para conectar conocimiento. E igual que la web como una Corriente nos ha hecho más sensibles a estas conexiones humanas creadas y nutridas a través del mundo digital, la web como un Jardín colectivo nos serviría para conectar y construir pensamiento y trabajo en común, ampliarlo y mejorarlo entre todos.

Las herramientas

Ya existen algunas herramientas que han pensado en este concepto. Github hizo una gran labor enseñando a generaciones enteras de programadores los beneficios de las copias, de exponer tu trabajo en público y dejar que este se convierta en la semilla o el nutriente de otras plantas.

Ahora, con la aparición de nuevas herramientas de gestión del conocimiento, y el trabajo y las reflexiones públicas de figuras como nuestro ya conocido Andy Matuschack, estamos siendo testigos de un nuevo Renacimiento del pensamiento y de una nueva corriente que toma esos principios y los extiende a todos los colectivos que quieran unirse a su revolución; una revolución enfocada en construir conocimiento colaborativo, en mejorar las capacidades individuales de la inteligencia humana para ampliarla y mejorarla combinándola con la de todos aquellos que quieran formar parte de ella.

Puede que en los últimos años haya habido un cambio de paradigma en la manera en la que algunas personas ven la web. Cada vez más gente es consciente de la necesidad de tener un espacio en el que poder intervenir con nuestros propios pensamientos y reflexiones. Empezamos a ver el sentido de tomar notas, igual que lo hacemos en un libro, pero en la web, y que estas notas mejoren o amplíen los temas sobre los que leemos.

En un esfuerzo por convertir la web actual en algo más parecido a la visión de Vannevar Bush o Ted Nelson, han aparecido extensiones y herramientas como hypothes.is o memex (ahora ya sabes de dónde viene el nombre 😉), pero en realidad la tecnología a nuestro alcance hace posible que ahora mismo podamos construir nuestras propias herramientas de jardines digitales con un poco de imaginación.

  • Por un lado tenemos la, ya conocida por todos, Roam, que podremos usar para hacer un modelo de nuestro cerebro volcando en ella todos nuestros pensamientos y reflexiones y, siguiendo los principios de las notas perennes, empezar a ver cómo, con el tiempo, estos se interconectan con otros y poco a poco se va tejiendo una red cada vez más grande de pensamiento.
  • Pero existe una alternativa gratuita (y algo más manual) a Roam, y en la que esta última está bastante basada, que es TiddlyWiki, basado en un sistema de wiki personal que nos permitirá recrear el concepto de jardín digital. Si esta opción te interesa, tienes un tutorial para empezar aquí.
  • Para programadores o gente más techie, también he encontrado una alternativa para Gatsby.js, que parece que tiene su propia comunidad de fervientes jardineros digitales construyendo temas y plugins para la causa.
  • Si estás familiarizado con Visual Studio Code, puede que te interese saber que con Foam puedes replicar algo bastante parecido a Roam (si, incluída la representación gráfica de la red de pensamientos) pero gratuito y open source.
  • Y si te llama mucho la visualización en forma de nodos interconectados tan característica de Roam pero no te decides a pagar la suscripción y tampoco a montarte la alternativa en VSCode, siempre puedes probar Obsidian, la hermana pequeña de Roam que te dará unos resultados bastante parecidos 😉

     

Y por último, lo que más puede interesar a las personas que estén leyendo esto, también podrías hacerte tu propia versión de jardín digital en Notion. Desde que introdujeron la funcionalidad de backlinks (que, como sabes, son esos enlaces bidireccionales y, como a mi me gusta decir, «conscientes de la existencia de su enlace original») nuestra herramienta todo en uno ahora también se acerca un poco a la posibilidad de empezar a conectar conceptos y crear redes de conocimiento. Si combinamos estos backlinks con las relaciones entre las bases de datos, aunque por ahora no lleguemos a la visualización de nuestros pensamientos como en una red, podemos recrear un modelo de nuestro propio jardín en la herramienta.

La semana que viene veremos una aproximación (de muchas posibles, estoy segura) de cómo se me ocurre a mí que podríamos replicar este concepto en Notion. Hasta entonces, te invito a que, ahora que conoces la filosofía que hay detrás (en qué consisten los jardines digitalescómo podemos tomar mejores notas para nutrirlos y cómo funcionan los enlaces bidireccionales para ayudarnos en la interconexión de esas notas) pruebes tu a montarte tu propio jardín digital en la herramienta que más te apetezca o mejor se adapte a tus necesidades. Si es Notion, me encantaría que me lo enseñaras en twitter, contestando a esta newsletter o directamente por mail.

 

Aprende Notion updates!

Recuerdas cuando la semana pasada te contaba que me tocaba hincarle el diente a las fórmulas y que iba a ser un reto porque siempre había asumido que yo no era de fórmulas en Notion? Bueno, pues llevo toda la semana super contenta porque me propuse entenderlas de la mejor manera para luego poder explicarlas de una forma que la gente como yo las entendiera y oye, pues al final no ha sido tan horrible, creo que podemos decir que están desbloqueadas.

He disfrutado mucho más de lo que pensaba escribiendo esta parte de la teoría y luego pensando cómo explicarlas de una manera más o menos visual y grabando los videos intentando trasmitirlo todo de la manera más clara (teniendo en cuenta las limitaciones).

 

Me encantaría esta vez contar con vuestro feedback porque es bastante importante para mi saber si os ha quedado claro. El tema es muy completo y da para mucho, pero tampoco quería atosigaros con conocimientos ahora mismo, ya que es una introducción a las fórmulas para quitaros el miedo que podáis tener a usarlas. Tampoco mi idea era hacer un master de programación sino simplemente aproximar un poco el concepto para gente que, como yo, quiere hacer cosas y no sabía muy bien por dónde empezar a meterse con ellas. Si el tema os interesa y veis que con lo que os he contado yo sigue habiendo lagunas, por favor decídmelo porque se puede profundizar más.

Ya sabéis que a partir de ahora se abre un mundo de posibilidades de nuevos videos y, por vuestra parte, nuevos conocimientos para poner en práctica.

Pero no adelantemos acontecimientos por el momento. Simplemente sabed que ya podéis ver todo lo relacionado con las fórmulas aquí, que espero que os sirva de verdad (y creo que os va a servir porque con esto ya no habrá nada que no podáis hacer) y que en los próximos días iremos cerrando este ciclo de fundamentos en Notion.

Lo que venga a partir de ahora se irá desvelando poco a poco, pero seguirán pasando cosas 😉

Si quieres enterarte de todo, ya sabes, quédate por aquí o habla a quién creas que puede estar interesado sobre este proyecto para que pueda llegar a más gente y ser mejor.

Y a ti mil gracias por seguir ahí semana tras semana. Espero que sigas aprendiendo y que si quieres hablar, darme tu feedback, teorizar o gritar sobre la herramienta o lo que estás haciendo con ella, me des un toque en twitter o por mail.

Pasa buena semana y aprende mucho!


🥰 ¡Gracias!

Muchas gracias por leer hasta aquí. Si te apetece hablar, mándame un mail o conéctame por twitter. Y, si crees que este contenido puede interesar a alguien, te dejo un botón para que lo compartas 🙂

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