Por muchas comidas diferentes que salgan con sus técnicas revolucionarias, todos acabamos volviendo al potaje de toda la vida.

En todas las regiones tenemos nuestra comidas típicas.

En Valencia, la paella.

En Asturias, la fabada.

En Castilla La Mancha, las migas.

¿Y sabes que tienen en común todos estos platos?

Que son la comida que toda persona podía hacer. La comida de los pobres.

Nuestra gastronomía está plagada de recetas que salieron de un montón de sobras. Si te has parado a pensarlo alguna vez, es increíble como en todos los lugares los mejores platos han nacido de la necesidad. Del hacer algo rico con lo que había disponible.

Con el paso de los años y con el avance de la sociedad, nuestra oferta gastronómico ha ido ampliándose hasta el infinito.

Tienes a mano todo lo que quieras. Comida japonesa, libanesa, mexicana… toda la gastronomía del mundo al alcance de tu mano.

Con el paso del tiempo, veo una conducta cada vez más recurrente en la gente. Esta conducta es la de vuelta a los orígenes. A lo que todo el mundo domina. Lo que a todo el mundo nos gusta.

En las inversiones ha pasado más o menos lo mismo.

Hace años tu espectro de inversión era muy limitado. O invertías en ladrillo o invertías en acciones a través de vete a saber tu que broker.

Hoy en día, puedes invertir hasta en un proyecto de un Tailandés que quiere montar una red de viviendas en su ciudad natal. Y como no, puedes invertir en Bitcoin o en miles de criptomonedas/acciones/bonos de todo el mundo.

Todo esto, como con la comida, lleva a cada vez más gente a interesarse por lo de toda la vida, por el ladrillo. Esta modalidad de inversión no será la más atractiva, la que más retornos genere, ni incluso la más segura… pero si será la que todo el mundo conoce de primera mano.

A todos nos gusta probar gastronomías de otros países, pero siempre acabamos volviendo a comernos el potaje de nuestra madre.

A todos nos gusta probar a invertir en Bitcoin, Crowdlending o lo que sea, pero siempre acabamos volviendo a interesarnos por la inversión en ladrillo.

Y claro, falta algo. Todos queremos que nuestra madre nos enseñe esas recetas… pero en este caso no tenemos a alguien que lo haga.

Como con la comida, se aprende mejor de alguien que ya lo ha hecho.

Poco a poco, iremos cortando los ingredientes hasta tener ese bendito potaje. Pero como te digo, primero hay que preparar los ingredientes y luego cocerlo todo a fuego lento.

Nos vemos la semana que viene,

preparad los cuchillos.

pd: al principio mi padre me metía el potaje por los ojos… y ahora no quiero otra cosa.

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