¡Hola! Soy Isaac González, profesor de informática y estudiante de doctorado en Blockchain.

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Que el hype no te tape el bosque

Lo admito, no entiendo la locura NFT. No se habla de otra cosa en el criptomundo desde hace semanas, quizá meses. Y a mí se me escapa. Pero no la parte técnica que describiré luego, sino la parte social. Y aunque me cueste, hoy me he lanzado a hablar de los famosos tokens no fungibles.

La idea es sencilla, gracias a blockchains como Ethereum se puede asociar un token único a un activo digital o real, representando la propiedad. Quien tenga ese token en su wallet, es el propietario. Además los NFTs pueden comprarse y venderse libremente. Ya está.

En realidad, no está. La explicación rápida es esa, pero las implicaciones son gigantescas e imposibles de predecir, como argumentaré en la segunda parte. Pero como casi todo en blockchain, nos obliga a repensar muchas cosas que dábamos por sentadas. Y esa reflexión en sí ya tiene valor.

Te confesaré algo, disfruto defendiendo el arte contemporáneo en charlas de café entre amigos. Lo hago medio en broma medio en serio, porque como no tengo ni idea no lo puedo hacer de otra forma. Cuando alguien dice: “¡pero como un plátano pegado con cinta americana va a valer eso!”, yo respondo socarrón: “pues hazlo tú, si te parece tan fácil”. Bromas aparte, el arte al no ser algo funcional y estar completamente en lo conceptual tiene unas valoraciones que pueden ser sumamente dispares. Mi línea argumental es que el arte contemporáneo no es tan distinto del arte tradicional en cuanto a valoraciones. Por ejemplo, un cuadro de Velázquez resulta que se descubre que no lo pintó él sino un discípulo, pasa de valor incalculable a baratillo. ¿Pero si es el mismo cuadro que antes? Ya, pero no lo pintó Velázquez. ¡Pero si es el mismo cuadro! Es obvio que parte del arte contemporáneo juega con los límites del concepto arte y en general con los conceptos. Pero asumámoslo, en cuestión de arte contemporáneo o tradicional, la valoración está más allá de la obra en sí. Gustos personales aparte.

La clave del arte está en que es único y su propiedad exclusiva. Hasta no hace mucho, el mundo digital se caracterizaba por poder hacer copias infinitas a coste cero, además si querías tener algo en propiedad tenías que acudir a otra entidad que así lo certificase. Hasta que llegó, bueno, ya lo sabes, blockchain. Con su manía de quitar intermediarios y apoyándose de las posibilidades de los contratos inteligentes. Hoy en día se puede demostrar la propiedad de un activo y transferirlo o venderlo sin la necesidad de un intermediario que lo certifique. Sigue siendo interesante que alguien los exponga, lo explique y gestione todo eso que va más allá de la obra. Pero el cambio es radical.

Dos gifs que se venden en Opensea

Pero, ¿y si te digo que la mayoría de NFTs hoy en día no venden arte físico (que pueden) sino arte digital? Sí, desde gifs, a fotos, a diseños en 3D o incluso tweets. Cosas que están a la vista de todo el mundo, que son fácilmente copiables, pero que gracias a blockchain puedes gestionar su propiedad (compra, venta, almacenamiento…). Lo primero que muchos pensamos cuando alguien se gasta 1,29ETH (más de $2000 actualmente) en un gif de un gato como el de la figura anterior es parecido a lo del plátano con la cinta americana. Y que conste que para el ejemplo no he rebuscado, lo he sacado del cuarto NFT al abrir opensea.io, hay casos muchísimo mas extremos. Pero sea una anécdota más o menos puntual o tenga detrás una historia, mi recomendación es no caer en la tentación de quedarse solo en el hype.

Un token no fungible, al estar en una blockchain programable en la que el contrato es imparable, puede abrir todo tipo posibilidades. Por ejemplo, el artista podría vender la obra con una clausula programada que cuando el token se venda, un 10% siempre le llegará a él. La obra no pierde propiedades con el tiempo, no se degrada, ni tampoco pierde el “certificado de autenticidad”. Su intercambio es instantáneo y el pago está en la propia blockchain. Pero también podría venderse un terreno en un mundo virtual como decentraland, o una mascota virtual, o un juego online, o cualquier cosa digital que se te ocurra en el contexto que se te ocurra. Muchas ventajas sí, pero al final son como “cromos digitales”, no? ¿Quién va a comprar eso? Quizá recuerdes una aplicación de mensajería llamada Line, entre otras cosas vendía unos stickers para usar en las conversaciones con los que ganaba 270 millones al año de dólares vendiendo pegatinas digitales. O Fortnite que gana una fortuna vendiendo personalizaciones de jugadores.

Y eso solo es la punta del iceberg.


A square collage of 5,000 works from Beeple, start with the oldest in the top left corner and continuing to recent works in the bottom right corner.
Everydays: The First 5000 Days‘, obra de Beeple subastada por Christies

NFTs, redefiniendo la propiedad programable

La palabra fungible hace referencia a que algo se puede consumir. Pero creo que la definición de bien fungible es más precisa para entender los NFTs:

1. m. pl. Der.bienes muebles de que no puede hacerse el uso adecuado a su naturaleza sin consumirlos y aquellos en reemplazo de los cuales se admite legalmente otro tanto de igual calidad.

Si una entrada al cine vale 6€, da igual que lo pagues en monedas, con un billete o con una transferencia. El dinero es fungible no sólo porque se puede gastar, sino porque con idéntica cantidad es intercambiable. Si te digo que un traje decente vale un onza de oro. Pasa algo parecido, tenemos que ponernos de acuerdo con los quilates del oro, pero en general una onza de oro de los mismos quilates y otra son intercambiables.

Si llegamos a un acuerdo e intercambiamos nuestras casas, no vale que en el proceso yo compre una casa en ruinas y la intercambie. Cada casa es única y el acuerdo habla de dos casas concretas, no de casas en general. Una casa sería un activo no fungible. Según la RAE debería ser un bien mueble (que se puede mover), pero ahí discrepo con la RAE.

Hay activos que son semifungibles. Por ejemplo, una entrada para la final de Champions League no es única, hay 50.000 más, y siendo en una zona parecida es incluso intercambiable como si fuese fungible. Pero a la vez, como su tirada es limitada hay “únicamente” 50.000 entradas para ese partido, que no se pueden cambiar por entradas de otros partidos. Son bienes llamados semifungibles.

Imagen de Opensea

Hasta aquí, le ponemos nombre a cosas que todos conocemos. El siguiente paso es llevarlo a la blockchain, para poder utilizar sus propiedades: digital, intercambiable, sin intermediarios y con sistema de pagos con criptomonedas. Es decir, todo lo que necesitamos.

Tecnología de los tokens no fungibles

Ethereum es hoy por hoy la gran blockchain que permite programar contratos inteligentes. Mediante programación es difícil pero teóricamente posible hacer tokens de los tres tipos. Pero en Ethereum han creado tres estándares con los que es mucho más fácil y seguro.

ERC20 – Tokens fungibles

Esta funcionalidad de Ethereum hace tan facil la creación de tokens que propición en 2016 y 2017 se crearon muchísimos. Fueron las famosas Initial Coin Offerings (ICOs), en las que se creaba un token con ciertas propiedades, además salía a la venta de forma previa con descuentos. Al ser tan fácil de hacer y recaudar tanto dinero las primeras ICOs, se creó una burbuja, que acabó estallando. Pero detrás de ese estallido quedó un ecosistema de tokens basados en ERC20, y por tanto en Ethereum. Aquí puedes ver como la mayoría de los tokens más importantes son en Ethereum mediante ERC20.

ERC721 – Tokens no fungibles (NFT)

Mediante esta funcionalidad se puede definir que un token está asociado a un activo y quien es su propietario. Idealmente el activo reside en la blockchain, pero puede ser una url o incluso una descripción de un activo real (el coche con matrícula ABC123). Su propietario es un monedero de Ethereum y al ser un token, cambiarlo o venderlo es sumamente sencillo. Además, al ser programable, se pueden añadir muchas funcionalidades a los tokens e integrarlos con videojuegos, realidad virtual o cualquier aplicación. La primera aplicación exitosa de este protocolo fueron los CryptoKitties en 2017. En 2021 vivimos una nueva fiebre de NFTs como puedes ver en esta lista.

Una crítica muy habitual y muy pertinente es que cualquiera puede escribir cualquier cosa en un NFT. Y es verdad, pero basta leer a Cris Carrascosa (recomendadísima su newsletter) para darte cuenta de las implicaciones legales que tiene. Si alguien pone a la venta un bien que no es suyo en la blockchain, es una prueba imborrable de un delito. Eso sí, la anonimidad de blockchain puede hacer difícil demostrar ese delito. Lo que está claro es que la integración entre el mundo real y el mundo blockchain irá lenta, por eso la mayoría de NFTs son de activos digitales.

ERC1155 – Tokens semifungibles

Es un estandar propuesto por Enjin, una de las empresas líderes en NFTs, y aceptado por la comunidad de desarrolladores de Ethereum. Básicamente añade un campo a los tokens ERC721 con la cantidad de tokens únicos. Por ejemplo, 500 ediciones del sello conmemorativo de Consenso Newsletter, el token ERC1155 asegurará que solo hay 500 propietarios de ese token con el sello asociado.

Ejemplos y casos de uso

“Everydays: The First 5000 Days”, es un collage de cinco mil imágenes creadas una cada día por Mike Winkelmann, más conocido como Beeple. Un artista digital que hasta hace poco vendía sus obras por cantidades con dos o tres cifras. Esta obra ha sido vendida en Christie’s en una subasta que superó los sesenta y nueve millones de euros. La novedad es que la obra ha sido vendida un NFT y pagada en Ethereum. Es un punto de inflexión en la historia de los NFTs. Si una casa de subastas con más de dos siglos de historia, ha decido utilizar una tecnología que reduce el nivel de intermediación de la propia casa de subastas, quizá es porque esa tecnología puede tener un impacto gigantesco.

Hay más casos de gente relevante fuera del mundo cripto experimentando con NFTs. Los Kings of Leon con su disco, Grimes con sus vídeos o Jack Dorsey (fundador de Twitter y muy metido en cripto) con su primer tweet. Ese tweet que ves debajo se ha vendido por 2,5 millones de dólares. ¿Para qué quiere alguien poseer un tweet público? No lo sé.

Twitter avatar for @jackjack @jack

just setting up my twttr

Los coleccionables son otro caso de uso habitual de NFT. En el mundo real desde hace años las cartas Magic además de un juego de cartas, se han convertido en una forma coleccionismo pagando auténticas fortunas por una carta o un grupo de cartas. Sí, son cartas impresas de forma industrial, y su escasez es artificial (podrían imprimir más). En mi generación casi todos niños han tenido cromos y álbumes donde pegarlos, que es la versión infantil de una afición antaño muy popular como era la numismática. Ahora pensemos en este tipo de juegos y coleccionables, potenciado con programación, restringida su tirada y gestionada su propiedad mediante blockchain. Poca broma.

Pero fuera del mundo artístico y de los coleccionables existen muchos otros casos de uso para los NFTs. Déjame que te hable de uno más, los dominios de internet (por ejemplo: tunombre.com). Los dominios se reservan en un proveedor autorizado por la ICAAN, para transferirlos hay que poner de acuerdo y autorizar al propietario, al comprador, a los dos proveedores y coordinarlo con la ICAAN. Toda esa intermediación desaparece en blockchain y ya puedes reservar tus dominios .eth o .crypto. Todavía no son compatibles por defecto con todos los navegadores, pero con una pequeña configuración lo son.

Conclusión

Si te abruman las cantidades, si no entiendes el por qué de muchas anécdotas de NFTs. ¡Bienvenido al club! Aunque viendo el mercado del arte, tengo la sensación de que el club existe desde que el mundo es mundo. Más allá de lo mareante, más allá de lo curioso, hay una redefinición enorme de la propiedad. Tengo la intuición de que las posibilidades que abre blockchain, incluídos los NFTs, están solo comenzando. Seguramente existan altos y bajos e incluso burbujas. Es cierto que la burbuja de las .com fue un problema, pero también lo es que 20 años después las compañías más importantes del mundo lo son gracias a la tecnología que propició la burbuja. Si algo es capaz de redefinir aspectos relevantes de la vida de los seres humanos, creo que merecen nuestra atención. Y los NFTs lo hacen.


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